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| Gyuliana Duarte en Xuleta mon amour |
Sambando de alegría
Inevitable reminiscencia de Hiroshima mon amour (Alain Resnais, 1959) que queda únicamente en el título de la obra. Simple como el amor dispone; como el clown exige. La soledad del escenario. La convivio de ese día también hizo a la obra, y aquí podríamos aferrarnos a un montón de teoría teatral y del espectador para ejemplificar el rito único que conforma al acto teatral, pero no. Nos vale a todos los que estuvimos esa noche de sábado a las nueve de la noche con haber estado allí para comprender y recordar (volver a pasar por el corazón) que el teatro es un juego que hacemos entre todos. El clown siempre invita y en su contacto con el público siempre tiene mucho para enseñarnos. En la esencia del clown también la esencia teatral: hay tantas visiones del estilo como personas que lo materializan y lo dejan flotando en el aire. Poco importó haber anticipado los chistes, los recursos y la dramaturgia en sí, pues cuando hay convivio realmente poco importa todo eso. Siempre como espectadores encontramos un lugar naíf que necesitamos, sin rebuscarnos en complejidades, para sentirnos cómodos, y siempre nuestra absurda mente adulta nos solicita lo contrario. El clown sin su nariz siempre pide entrada a un escenario teatral. Lo necesitamos tanto como actores y espectadores que enfrentarnos a él en su estado más puro nos duele tanto como ver nuestra niñez, pero claro está que si no lo hacemos no crecemos. Esta convivio teatral nos trajo un poco más de esa simpleza que necesitamos. En la vida y en el teatro.
