domingo, 1 de abril de 2018

Tystnaden (Ingmar Bergman, 1963)


Misterio
incógnito
mundos que dialogan... 
Bergman filma montando.


The Changeover (Miranda Harcourt & Stuart McKenzie, 2017)

Para qué filmar imitando
modelos no ejemplares
exponer la precariedad de recursos
 cuando escasean ideas fílmicas
 contraponer actuaciones contundentes
con actuaciones robustas
poner al espectador en el dilema de lo ridículo
y la seriedad de un drama subrayado
cuando Chéjov ha enseñado
que los dramas suceden entre risas
y a pesar de todo, una agria sensación de oscuridad, 
se aloja tras la luna exgerada.
Es bueno asumir, que hay películas, simplemente malas
y a veces también, algo malignas.



Efter repetitionen (Ingmar Bergman, 1984)


Conocer del primer plano su asfixia
montar la insición teatral
la lente una mirilla que espía
 y señala
y se rota de lugar para contar
 y aprecia silencios
y deja que estemos mirando cuando hay que contemplar
y monta tensiones de actuación sublime
y sabe lo que sí y lo que no hay que montar
y conoce el ritmo del drama
y sabe instalar y partir de pronto
y hacer con simpleza de cámara
una sutil profundidad



Harry Potter & the Chamber of Secrets (Chris Colombus, 2002)


Por qué no deberíamos
juzgarla con criterios de lenguaje,
denotar su lavado protagonista
admirar su trabajo en arte
descubrir los virtuosismos
develar sus secretos subrayados
y ver su puesta en escena
como mágico desperdicio.
Estas también son películas
que pudieron ser de Hitchcock
y acaban siendo menores
entretenimientos para chicos. 
No todo el cine es lugar
para miradas autorales
pero podríase trabajar
en no extirpar el arte de mirada
a miradas de purezas comerciales.



Skepp till India land (Ingmar Bergman, 1947)

En el asunto de comprender
que los buenos directores
dominan el lenguaje
lo conocen y son concientes
de cada decisión,
Bergman se presenta
como clásico americano
en la construcción del drama
y contemplación antoniana en la mirada
sin permitir que la autoría
aplaste la narración
sin planos innecesarios e innecesarios en planos
es puesta en escena concentrada
personajes de tridimensión
humanidad salvaje y sensible
y no soltar la historia en el set de filmación.
Al parecer en cine
una historia bien contada
es aparente sencillez
de majestuosidad escondida.
Lo que parece denotado
solo es un empujón para soltar la cuerda
y bucear en lo profundo, mientras el barco se hunde.



Lolita (Stanley Kubrick, 1962)


Resplandece la perversión y la mente
de guiones férreos que manipulan
la empatía y los vínculos
entre la cámara y sus objetos
con la obsesión del hacer en cada paso
los genios del cine usan
la palabra como un decoro
y la estructura del montaje para indicarnos
cuál es el camino y por dónde debemos tomar
dónde frenar y dónde el acelero
dónde insinuar y dónde dejar claro
como si el lenguaje fuera
esa partida de ajedrez en blanco y negro
una pareja en disputa, por un sufrimiento
que ambos eligieron compartirse
hasta llegar al más angustiante
 de los jaque mate y un director
sabiendo con certeza de detalle
cómo la partida debe ser mostrada
para que las piezas y el tablero nunca pierdan
su tensión dramática, de rey derrotado y reina tajante.



Persona (Ingmar Bergman, 1966)

Compleja
intensa, las obras de arte
Bergman, y las personas
y la poética, que saben dejar en claro
aquello sin explicarlo.



Nattvardsgästerna (Ingmar Bergman, 1963)


La síntesis
la austeridad y lo sobrio
la dirección presente y precisa
la aparente sencillez
la teatralidad y lo cotidiano
la decisión en la cámara y en el plano
el estilo arriesgado, el ocultamiento engañado
la solemnidad no ensalazada, la conciencia
del lenguaje su dominio, las actuaciones hipnóticas, 
el inevitable genio, el cine como poético,
humanidad desgarradora, ironía ácida,
absoluta creencia en el ateísmo, minuciosidad en cada escena
esa elevación de siempre, al ver a través
de Ingmar Bergman.