Nada más noble que una comedia sensible
con sus livianos y hondos puntos de drama
a la posteridad de Woody Allen neoyorkino
cada vez más autoral Noah Baumbach
me enseña en la saturación del diálogo
los cortes bruscos
el elitismo de una clase
la complejidad de las relaciones familiares
donde se puede reír para ver lo terrible
lo que duele
y determina
en esa ligazón
que parece tan difícil soltar
para ser lo que se es
y en el privilegio de mirar
actuaciones formidables
