domingo, 28 de abril de 2013

¿Por qué no profundizar el pensamiento en un blog?

Ya lo dijo José Gervasio Artigas; "Nada podemos esperar de un blog, sino de nosotros mismos". (¿Por qué este comentario pudo ser motivo de censura?)

¡Já! Pon lo que quieras. De mientras Takashi Miike sigue rodando.

Visitor Q (Miike, 2001)
Al parecer la imaginación morbosa de Takashi Miike es inagotable. Le dejo el trabajo a la comunidad de sociólogos japoneses, pero sin duda hay una tradición en el pensamiento nipón hacia la angustia y cierta libertad para exteriorizar el pensamiento tabú que de alguna manera muchos otros países envidiamos. Comenzar un film con una escena incestuosa a través de una cámara propia de los personajes y otras posiciones de cámara en las manos del propio Miike, que instaura con una estética (y cosmética) cotidiana. Eso es sin duda "creación sin miedos" y "creación provocativa". La presentación de personajes es precisa, acabada -evitemos las dobles acepciones de este adjetivo-. La situación en que ellos viven y los vínculos que los une -o separan- no demoran en esclarecerse. La turbación de ese padre dentro de una familia tan disfuncional se ejemplifica con un plano de una familia "normal" que camina por los andenes del subte. El visitante Q es presentado antes del títular del film para luego acompañarse mutuamente. La invasión de fuegos artificiales sacude la cámara estática. El aparente amateurismo del film -o el evidente bajo presupuesto- es útil a la historia que Miike está contando. El morbo absurdo -que convierte a esta película en una comedia morbosa- se vuelve un estilo autoral en sí mismo, en un cineasta que reúne todos sus méritos en las claves que lo instalan como un gran cineasta: logra todo lo que se propone filmar. Desde una majestuosa obra de arte gore, con gran tacto de ritmo, estructura, delicadezas y sutilezas que vuelven al arte una virtud sublime del ser humano (Audition, 1999), hasta la remake de un clásico del spaghetti western que se adelanta a Tarantino -a quien usa como actor del film- en Suriyaki Western Django (2006). También puede enseñarnos cuánto pudo opacar las novedades que para el cine de occidente representaron las Kill Bill de Quentin Tarantino en Ichi the Killer (2001), o el perturbador universo psicólogico que puede rodear a un personaje, siempre enmarcado en el género gore -posiblemente gore bizarro-, en Gozu (2003). Sería injusto olvidar el realismo gore que ficciona con el objetivo de quitarle cotidianeidad y así sumergirlo en un universo onírico y plástico, estilísticamente placentero a los ojos, en Imprint (2005) o el imaginativo mediometraje Box, de gran porte artístico, que integra el proyecto Three Extremes (2004). Sin embargo, a pesar de la gran lección cinematográfica que puede resultar Visitor Q (2001), es, de todas ellas, la que menos me invita a recomendar, pues me coloca, como espectador de su obra, en un ser perverso del cual temo exponerme -mucho más temeroso sería de realizarlo-. Sin duda este valiente y procedente de su causa, cuestiona los límites de la creación y la recepción del arte, de los valores y demás intrigas que aun su arte no me deja responder, y por eso continúo viendo sus películas. Si de verdad quieres ser un visitante de su cine, pues entonces sí, debes mirar Visitor Q.


En otra ocasión hablaremos de su técnica cinematográfica. Por ahora me es imposible, y no quiero enfriar su arte con frivolidades.

jueves, 24 de enero de 2013

La lana Francesa esquilada en Arabia

Parece que los franceses nunca se adelantaran a las situaciones. La cámara de los franceses siempre espera y luego persigue. En todo momento acompaña. La cámara espera que la acción narrativa le indique dónde pararse. La cámara francesa nunca le dice a la acción narrativa cómo accionar; se adapta y narra desde ese lugar que adopta. Siempre la contemplación desde fuera, incluso cuando se está adentro (¿es necesaria la cámara en mano para transmitir el vértigo y el ser parte de una situación en el cine? Al menos aprendemos que no es la única fomra, por más que todos corremos el riesgo de caer en la moda cámara en mano). He aquí el vasto tema filosófico de la distancia de la cámara, que no atiendo por temor a su vastedad.

La historia de de una mujer y sus hijos que se ve imposibilitada a salir de su departamento. el intercambio de su vecina de abajo desde un balcón al otro. La cámara que sí se permite salir para observarlas desde el edificio de enfrente. Los planos que comienzan cerrados y se abren para abarcar las situaciones y entrar más adentro. Nueva bofetada a ese cine norteamericano que no reconoce estas virtudes del cine francés y que no hace más que cerrar los planos para estar "más adentro", sin notar que cada vez nos dejna más afuera. Claro que ese cine norteamericano es el que no trasciende: no se trata entonces ni de Scorsese, ni de Coppola, ni de Allen, ni de Linklater, ni de Tarantino (con su profesa herencia de Godard y Melville, aunque dé para escribir un tratado acerca de cómo Tarantino trasluce la Nouvelle Vague en la pantalla)...
La voz off para lo justo y necesario. Para presentar y concluir (vaya desafío que uno se evita con esa decisión). De todas formas, amable decisión la de no mostrar lo que la voz narra. Dejar que en la ausencia el espectador narre la presencia. Una vez más un montaje se define por lo que no se muestra y una historia se nutre por lo que no se dice. Se ocurre decir que la idea pudo ser una catástrofe en forma de largometraje, y termina siendo justa y sobria en un corto. Quizás la no profundización en los subtextos del actor evitó a esta película llegar a lo sublime, y como una pelota de lana, uno puede entretenerse mientras la ve pasar, pero tampoco se hipnotiza como un gato que sostiene un fuerte deseo de atacarla. Ni para muy bien, ni para mal, el corto transcurre.

Epilef Rapí

Título: La pelota de lana
Dirección: Fatma Zohra Zamoum
Año: 2005
País: Francia