Cierto es que esta obra de Romina Paula echa luz sobre la oscuridad, cierto es que requiere un espectador activo, leyendo los subtextos, asociando su vida personal, sus vínculos, sus necesidades espirituales y existenciales mientras va acompañando la historia. Una obra de un realismo por momentos hiperrealista, pero con actuaciones teatralizantes. Con comedia dentro del drama, como siempre reclamó Chéjov -en este caso bajo la sombra de Tenesse Williams-. Roxana Blanco recurriendo a sus grandes dotes humorísticos que me remontaron a situaciones de "Las novias de Travolta" (de Andrés Tulipano) y "Terrorismo" (de los hermanos Persnyakov). Leandro Núñez en una situación distinta, trabajando mucho en el silencio y con buenas intervenciones en el drama. Stefanie Neukirch, con una gestualidad psicótica, va llevándonos por su mundo de extrañeza. Diego Arbelo, excepcional, trabajando desde la mirada y la corporalidad incómoda de un estereotipo de hombre que se viste de una manera que en mucho se distancia de sus posibilidades corporales. Sin ganas de adentrarme en un análisis crítico de la obra, hoy escribo simplemente para darle un lugar a una obra de la Comedia Nacional, que tanto acartona pero que ahora nos da un aliento bajo la dirección de Andrés Papaleo. Un nuevo logro desde "La mitad de dios" (de Gabriel Calderón) y "La dama boba" (de Lope de Vega). De vez en cuando es bueno levantar alguna obra de subtexto, donde salgan victoriosos el lenguaje cinematográfico y la pluma situacional, con actores a la altura de la misión del texto y un director creador que bien supo llevarlos a ese lugar.

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