MÚSICA EN 16:9
Estos muchachos
vieron cine. Esconden atmósferas detrás de sus canciones. Escenas que se
fusionan como parte de una misma historia. Dos discos de una misma colmena.
Maravilloso quiebre el de It's
ok, al tiempo que me es
imposible no sentir la fuerza de Leonard Cohen sobre las imágenes de Natural Born Killers[1] en My head[2] .
El universo sonoro masterizado con las notas distorsionadas de una
guitarra, se interfieren, como en un montaje alterno, dos imágenes conviven, se
yuxtaponen y se retroalimentan y es claramente el final de la historia. Es Corazonoro. La oscuridad en Expiación me lleva a una habitación y allí
dos personas, saludándose y despidiéndose. Esa imagen figurada en la
organización de la canción, con dos esquemas que se repiten al llegar al final,
me generan una conversación de palabras iguales, sin permitir que el segundo
termine de cantarle "solo pido dar la vuelta", y entonces confiesa "solo
pido dar", y de inmediato "sentir que ya no hay más que hablar" para
ultimar diciendo "ojos que no encuentran paz", y una vez más. Cuando
la canción va a caer, vuelve a nacer, esta vez con un universo que perturba, y
entonces nos deja el aliento de esos versos que no volvieron. Decisiones de
montaje, predisposición del orden, la forma en compañía de la historia.
Un genial
megáfono distorsionado en Chispas
de luna me hace pensar en
buenos títulos cinematográficos y una cita felliniana en Sin más nos dice "y
ahora por fin la nave va". A diferencia de los "Goodfellas" de
Scorsese, ustedes sí que son buenos, muchachos. Salú, y un brindis por los
artistas que no se encierran únicamente en su arte. Por si no convence, el arte
del disco es mérito exclusivo de Pedro Dalton.
[1]
Oliver Stone (1994): Estados Unidos.
[2]
Autoría de Mariana Mendina y B.M.
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