sábado, 7 de abril de 2012

Se pule la colmena

MÚSICA EN 16:9    


Estos muchachos vieron cine. Esconden atmósferas detrás de sus canciones. Escenas que se fusionan como parte de una misma historia. Dos discos de una misma colmena. Maravilloso quiebre el de It's ok, al tiempo que me es imposible no sentir la fuerza de Leonard Cohen sobre las imágenes de Natural Born Killers[1]  en My head[2] . El universo sonoro masterizado con las notas distorsionadas de una guitarra, se interfieren, como en un montaje alterno, dos imágenes conviven, se yuxtaponen y se retroalimentan y es claramente el final de la historia. Es Corazonoro. La oscuridad en Expiación me lleva a una habitación y allí dos personas, saludándose y despidiéndose. Esa imagen figurada en la organización de la canción, con dos esquemas que se repiten al llegar al final, me generan una conversación de palabras iguales, sin permitir que el segundo termine de cantarle "solo pido dar la vuelta", y entonces confiesa "solo pido dar", y de inmediato "sentir que ya no hay más que hablar" para ultimar diciendo "ojos que no encuentran paz", y una vez más. Cuando la canción va a caer, vuelve a nacer, esta vez con un universo que perturba, y entonces nos deja el aliento de esos versos que no volvieron. Decisiones de montaje, predisposición del orden, la forma en compañía de la historia.

         Un genial megáfono distorsionado en Chispas de luna me hace pensar en buenos títulos cinematográficos y una cita felliniana en Sin más nos dice "y ahora por fin la nave va". A diferencia de los "Goodfellas" de Scorsese, ustedes sí que son buenos, muchachos. Salú, y un brindis por los artistas que no se encierran únicamente en su arte. Por si no convence, el arte del disco es mérito exclusivo de Pedro Dalton.



[1] Oliver Stone (1994): Estados Unidos.
[2] Autoría de Mariana Mendina y B.M.

No hay comentarios:

Publicar un comentario