domingo, 8 de abril de 2012

De esta teta chupó Julieta

Dramaturgia Cinematográfica


El cine se obsesiona por el realismo, por la linealidad del tiempo. El continuista se vuelve esencial en un rodaje. Las julietas, de Marianella Morena hace convivir las temporalidades. En el vestuario, en los objetos, se entremezclan los tiempos que refieren a los '50, al tiempo que allí estamos. La historia de una compañía teatral se convierte en la excusa perfecta para narrar fragmentada y anecdóticamente la historia de Romeo y Julieta. Sin evidenciar y evidenciando, esta paradoja se convierte en el lenguaje. Es que las artes narrativas manejan este binomio de gran modo. Mostrar sin mostrar, dar pistas sin desconcertar, incluso cuando se trata de David Lynch. Poner sobre la mesa la idea de que menos es más. Hablar de nuestra sociedad a través de su idiosincrasia. Perder el miedo a que algo no se entienda, si se confía en que haya suficientes razones para mantener al espectador expectante, inmerso, entretenido, es decir, "tenerlo-entre". La obra se ríe de si misma, de los espectadores que pagan entrada por cosas que no tienen sentido, y todos comenzamos a jugar un mismo juego. Eso es entretener, jugar un mismo juego. No suelo ver las cosas repetidamente a menos que esté esa alma indescifrable que me lleva a hacerlo. Esta fue la quinta. Hay algo en la manera de contar que me persuade y que solo he encontrado en Lynch y en Raúl Ruiz- -esto seguramente hable de mi ignorancia-. Me pregunto si el rompimiento de estructuras lineales, el juego con el tiempo indefinido, la necesidad de contar sin miedos, no las toma el cine de este tipo de valentías teatrales. Pues a mí me dan ganas de hacerlo. Contar La gaviota de Chéjov de un modo distinto, sabiendo que una cosa es el cine y la otra es el teatro, pero asumiendo que hay tanto que una le puede pedir prestado a la otra.

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