domingo, 1 de abril de 2018

Lolita (Stanley Kubrick, 1962)


Resplandece la perversión y la mente
de guiones férreos que manipulan
la empatía y los vínculos
entre la cámara y sus objetos
con la obsesión del hacer en cada paso
los genios del cine usan
la palabra como un decoro
y la estructura del montaje para indicarnos
cuál es el camino y por dónde debemos tomar
dónde frenar y dónde el acelero
dónde insinuar y dónde dejar claro
como si el lenguaje fuera
esa partida de ajedrez en blanco y negro
una pareja en disputa, por un sufrimiento
que ambos eligieron compartirse
hasta llegar al más angustiante
 de los jaque mate y un director
sabiendo con certeza de detalle
cómo la partida debe ser mostrada
para que las piezas y el tablero nunca pierdan
su tensión dramática, de rey derrotado y reina tajante.



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